

With profound sorrow in our souls, we announce the passing of Esperanza Monge, a truly generous, loving, and luminous woman, who was called to eternal rest on June 14, 2025. She departed in peace, in the quiet of her home, on a Saturday afternoon, surrounded by the unconditional love of her family.
Esperanza was born in El Salvador, where she was tenderly and wisely raised by her maternal grandfather, the beloved “Papa Beto.” In her youth, with a heart full of hope and courage, she emigrated to Los Angeles in search of a better future for her family. She made the ultimate sacrifice by leaving behind the warmth of her homeland and her little son, motivated by the purest love that exists: a mother’s love for her children.
On January 23, 1976, she joined in marriage with Félix Adrian. Together they built a loving home in Pasadena, California, and created a beautiful family with five children.
Esperanza was the beating heart of our family. Her love was a refuge, her presence an embrace, her life a testament to absolute devotion. She always placed the needs of others before her own and dedicated her existence to lovingly caring for her children, grandchildren, and relatives. She delighted in life’s simple but profound pleasures: cooking with love, sharing moments with her loved ones, and playing her favorite game, Rummikub, proudly teaching it to family and friends. Her laughter was melody, and her smile, a beacon of joy.
In 1978, Esperanza was baptized, reaffirming her faith in God, whom she loved with all her heart. Her life reflected Christ: she walked in love, lived with grace, and always maintained a humble and serene spirit. Her faith was not merely belief, it was daily action: in her kindness, her boundless compassion, and her quiet yet powerful way of loving.
Those of us blessed to know her knew she was unique: authentic, generous, and deeply loved. Her legacy does not fade with her passing; it blossoms in every life she touched, in every heart that continues to beat because of her love.
She is survived by her faithful and loving husband, Félix Adrian; her dear children: Boris, Martha, Janeth, David, and Ruth; and her cherished grandchildren: Bethany, Alberto, Ramone, Christian, Jasmine, Alex, Lily, Isabelle, Abigail, Daniel, and Ariel.
Rest in peace, Esperanza. Your name says it all: you were and will always be our hope, our example, our eternal love.
Con profundo dolor en el alma, anunciamos el fallecimiento de Esperanza Monge, una mujer verdaderamente generosa, amorosa y llena de luz, quien fue llamada al descanso eterno el 14 de junio de 2025. Partió en paz, en la tranquilidad de su hogar, un sábado por la tarde, rodeada del amor incondicional de su familia.
Esperanza nació en El Salvador, donde fue criada con ternura y sabiduría por su abuelo materno, el querido Papa Beto. En su juventud, con el corazón lleno de esperanza y valentía, emigró a Los Ángeles en busca de un futuro mejor para su familia. Hizo el sacrificio supremo al dejar atrás el calor de su tierra natal y a su pequeña hijo, motivada por el amor más puro que puede existir: el de una madre por sus hijos.
El 23 de enero de 1976, unió su vida en matrimonio con Félix Adrian. Juntos construyeron un hogar lleno de amor en Pasadena, California, y formaron una hermosa familia con cinco hijos.
Esperanza fue el corazón palpitante de nuestra familia. Su amor era refugio, su presencia un abrazo, su vida un testimonio de entrega absoluta. Siempre antepuso las necesidades de los demás a las suyas, y dedicó su existencia a cuidar con esmero a sus hijos, nietos y familiares. Disfrutaba de los pequeños grandes placeres: cocinar con amor, compartir momentos con sus seres queridos, y jugar su juego favorito, Rummikub, el cual enseñó con orgullo a toda la familia y amigos. Su risa era melodía, y su sonrisa, un faro de alegría.
En 1978, Esperanza fue bautizada, reafirmando su fe en Dios, a quien amaba con todo su corazón. Su vida fue un reflejo de Cristo: caminó en amor, vivió con gracia, y mantuvo siempre un espíritu humilde y sereno. Su fe no era solo creencia, era acción diaria: en su dulzura, en su compasión sin límites, en su manera silenciosa pero poderosa de amar.
Quienes tuvimos la bendición de conocerla, sabemos que era única: auténtica, generosa, y profundamente amada. Su legado no se desvanece con su partida, sino que florece en cada vida que tocó, en cada corazón que sigue latiendo gracias a su amor.
Le sobreviven su esposo fiel y amoroso, Félix Adrian, sus queridos hijos: Boris, Martha, Janeth, David y Ruth, y sus adorados nietos: Bethany, Alberto, Ramone, Christian, Jasmine, Alex, Lily, Isabelle, Abigail, Daniel y Ariel.
Descansa en paz, Esperanza. Su nombre lo dice todo: fuiste y serás siempre nuestra esperanza, nuestro ejemplo, nuestro amor eterno.
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